TLCAN 2.0: ¿a favor de las personas o de los contaminadores?

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Acuerdo Comercial Antiecológico versus Economía de Energías Renovables

Las comunidades de América del Norte se enfrentan a pagas cada vez más bajas y a amenazas climáticas cada vez más frecuentes. En vez de resolver estos problemas, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) los está agravando. El TLCAN fue redactado antes de que se conociera el alcance de la problemática del cambio climático y fue impulsado por ejecutivos de combustibles fósiles, y no por los trabajadores, científicos o comunidades afectadas por dicho cambio. Como era de esperarse, la negociación del acuerdo puso en primer lugar las ganancias de las multinacionales y no el bienestar de las familias trabajadoras que se enfrentan a las amenazas del clima. En consecuencia, en vez de favorecer una transición a una economía de energías renovables, el TLCAN incluye varias disposiciones que generan una fuerte dependencia entre América del Norte y el combustible fósil. En definitiva, es un obstáculo al progreso climático.

Luego de más de dos décadas, el TLCAN se está finalmente renegociando. Esto ofrece una oportunidad para revertir sus prioridades originales. Varias organizaciones civiles, académicos y legisladores de América del Norte han aportado muchísimas ideas para lograr un acuerdo más equitativo y ecológico. Pero esta vez, ¿se pondrá el foco en los trabajadores y en las comunidades que han sido golpeadas por esta economía de combustibles fósiles o en los ejecutivos corporativos que se benefician de tal economía?

Hasta el momento, el historial no es muy alentador. Si bien algunas propuestas de cambio están sobre la mesa, hay varios regalos del TLCAN para los contaminadores corporativos que no han sido modificados. Y lo que es peor, los encargados de negociar consideran introducir normas respaldadas por las corporaciones que implicarían obstáculos adicionales a la acción climática que exigen la ciencia y la justicia. La aceptación de dichos términos sería un ejercicio de negación del problema climático con consecuencias a largo plazo para los trabajadores y las comunidades de América del Norte. No es posible apuntar hacia un futuro de energías renovables si tenemos un acuerdo comercial corporativo que nos ata a un pasado de combustibles fósiles.

En este informe, economistas de los tres países socios del TLCAN presentan una investigación original y un análisis de las implicaciones climáticas de este Acuerdo, de las nuevas amenazas que el TLCAN 2.0 puede presentar y de alternativas concretas para sustituir el TLCAN por un acuerdo comercial ecológico. He aquí algunas de las conclusiones más importantes:

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